domingo, 23 de octubre de 2011

Artículo de opinión "Las capuchas negras"

Reproducimos por su interés, el artículo del Camarada Julián Ramírez "Las capuchas negras", extraído del órgano de expresión del Partido Comunista de México, en relación al ataque de los anarquistas al bloque sindical del PAME en Grecia y su papel contrarevolucionario

“Al fin y al cabo, cuando no hay una conciencia clara que se le oponga la ideología dominante se acaba imponiéndose sobre el accionar espontáneo y desorganizado. Al fin y al cabo, pese a confusiones o eclecticismos, el anarquismo no puede substraerse de las posiciones pequeño burguesas que representa y que se oponen con furia a las posiciones de la clase obrera. Al afirmar esto no hemos descubierto el “hilo negro” de las capuchas negras, solo confirmamos en la práctica cosas ya sabidas en la teoría, es decir en la experiencia acumulada y generalizada de la clase obrera.”

A principios de este mes los comunistas intervinimos, por primera vez desde nuestra reconstitución, en una jornada nacional bastante exitosa en los marcos del aniversario luctuoso del 2 de Octubre de 1968. En dicha jornada se reveló con claridad el gran avance de nuestra Liga de la Juventud Comunista en sus pocas semanas de formación. En el caso del estado de Morelos decidimos impulsar con otras organizaciones tres marchas simultáneas que levantaban banderas unitarias de lucha estudiantil.

En esta amplia convocatoria no era de extrañar la presencia de otros jóvenes identificados con la bandera negra del anarquismo. Tampoco era de extrañar, pues desde los días del Movimiento Magisterial de Bases habíamos marchado en tal fecha juntos. Mucho menos era de extrañar considerando que entre los convocantes se encontraban también anarquistas con quienes compartimos el andar en La otra campaña. Hubiese sido lógico arribar a la conclusión de que tampoco debíamos extrañarnos por sus “extravagantes” acciones.

En Cuernavaca son cerca de las cinco de la tarde y la marcha no ha salido aún. Los comunistas preparamos y nos distribuimos las rojas banderas, amarramos las mantas, ajustamos el sonido, repartimos la responsabilidad de los volantes, cámara, botes, etc. Por otro lado los anarquistas ensayan sus grafitis en la placa del monumento a Emiliano Zapata. De alguna manera logramos zafar a la policía que exigía revisar las mochilas y tomaba medidas para comenzar a reprimir la marcha. Naturalmente había que acuerpar y proteger la totalidad del contingente.

La marcha da sus primeros pasos. Frente al cuartel militar expresamos nuestro común repudio a la absurda guerra y en general al papel de “Brazo armado de los explotadores” que juega el ejército en nuestro país. En estos momentos unas mentadas de madre y más grafitis no desencajan.

Unas cuadras más adelante comienzan los problemas. Completamente rodeados de policía a los anarquistas les parece el más feliz de los momentos para lanzarse en todas direcciones, hacer volar piedras y quebrar los cristales de los bancos. En ese momento algunos estudiantes que marchaban por primera vez y sindicalistas que acompañaban la marcha se acuerpan rápidamente con las filas de banderas rojas.

Jamás nos ha intimidado la represión, pero tampoco somos partidarios de iniciativas suicidas, por ello los camaradas meten en ese momento orden en la marcha.

No discutiremos aquí la validez de lanzar una piedra contra un cajero como método “eficacísimo” de combatir al sistema capitalista. Tampoco levantamos la sospecha sobre una acción que se antojaba excusa perfecta para reprimir a varias decenas de nuestros militantes y cuadros. Teníamos elementos que nos inclinaban a una actitud más o menos tolerante. Jóvenes también nosotros, comprendemos el violento rechazo que experimentan por el sistema que los aliena y reprime. Identificamos en el trasfondo de la mayoría su procedencia de las colonias más humildes de Cuernavaca. Recordamos los ejemplos históricos de las revoluciones en nuestro país, donde fue necesario aprender a dirigir en el combate a grandes masas que se integran de manera no organizada a la lucha. Observamos una aparente falta de claridad (Por ejemplo, estos jóvenes desconocían inclusive el significado de nuestro símbolos), etc. Así decidimos tomar medidas para reencauzar la energía rebosante de la marcha en varios “ochos”, brincos y otros despliegues.

Sin embargo, los eventos toman un giro desagradable.

Al toparse con una asustada empleada que rascaba su quincena en el cajero y que corre a refugiarse al interior del banco los anarquistas le gritan “¡Burguesa!”, y otros términos no extraídos de la economía política. Eventos similares tienen lugar a lo largo de la marcha.

La gota que derrama el vaso se da en las afueras de unos pollos Kentucky. Los anarquistas se lanzan al asalto con las latas de aerosol. Los empleados del lugar tratan de impedirlo y son confrontados por los anarquistas. El desprecio y el odio hacia la clase obrera efluyen. “¡Eres una maldita esclava asalariada!” “¡Maldita ignorante!” Una trabajadora recibe una andanada de objetos y varios golpes. La policía se acerca peligrosamente al punto. Tampoco podemos decir que en ese momento intervenimos de manera fría y calculada. Con la sangre hirviendo, a empujones nos interponemos entre los empleados y los anarquistas, francamente acabamos amenazándolos con una paliza si no cesaban estas provocaciones y las agresiones contra trabajadores.

El encanto de la suma aritmética en la movilización quedó roto.

Al fin y al cabo, cuando no hay una conciencia clara que se le oponga la ideología dominante se acaba imponiéndose sobre el accionar espontáneo y desorganizado. Al fin y al cabo, pese a confusiones o eclecticismos, el anarquismo no puede substraerse de las posiciones pequeño burguesas que representa y que se oponen con furia a las posiciones de la clase obrera. Al afirmar esto no hemos descubierto el “hilo negro” de las capuchas negras, solo confirmamos en la práctica cosas ya sabidas en la teoría, es decir en la experiencia acumulada y generalizada de la clase obrera.

Esto vendría a ser una anécdota innecesaria si eventos internacionales trascendentes no nos hicieran reflexionar aún más. Reflexionar sobre las peligrosas deficiencias de su teoría organizativa, la naturaleza oportunista y reaccionaria de sus posturas, etc.

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En Grecia se desarrollaba una huelga de 48 horas de un éxito sin precedentes y la movilización más grande de las últimas décadas, bajo la conducción del PAME. Cientos de parlamentarios y cuadros del KKE recorrieron las fábricas y las empresas organizando la acción. Cientos de miles de obreros abarrotaron las carreteras con rumbo a Atenas las horas previas a la movilización. En 70 ciudades hirvió la oposición al Estado y los Partidos burgueses.

Como siempre las fuerzas del capital intentaron crear confusión. Los medios intentaron centrar la atención en los grupúsculos de provocadores, las fuerzas del capital buscaron detener a cualquier costo la movilización obrera y popular, esta vez escalaron su agresión y la sangre obrera fue regada.

En el segundo día de la jornada de lucha se acerca al parlamento el gigantesco contingente. Pandillas de encapuchados, porros, provocadores, neo fascistas y anarquistas-autonomistas entremezclados atacan desde una orilla al contingente de los obreros organizados. Lanzan cristales, rocas, bombas incendiarias, pedazos de metal, gases lacrimógenos, chorros de extinguidores, etc. 80 manifestantes son heridos de esta manera, en un intento de disolver la marcha.

El mecanismo de seguridad del KKE, tan repetidamente criticado por los trotskistas, entra en acción. Al principio resisten la lluvia de proyectiles y avanzan, aquí pierde la vida el camarada Dimitris Kotzaridis, sindicalista del PAME. Posteriormente logra repeler el ataque y asegurar la continuidad de la movilización.
Europa hierve bajo la lucha de clases, a una bala de goma de la guerra civil, en estas condiciones se aprende en unas horas más que en unos años. La posición de cada clase y cada fuerza es revelada a la luz del sol ante el pueblo en su conjunto. No es gratuito que las mismas fuerzas que en el parlamento discuten verdaderas medidas de exterminio contra el pueblo lancen en la calle un ataque asesino. No es gratuito que las pandillas de encapuchados presten magníficos servicios a las fuerzas del “orden”. Tienen un solo centro en común.

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Los comunistas están preparados para superar los chantajes y las intimidaciones, le enseñan al pueblo a no agachar la cabeza y a luchar de manera organizada contra el poder de los monopolios. En Grecia cada fábrica, cada empresa, cada escuela se está convirtiendo en un centro de resistencia activa contra la barbarie capitalista y en semilla del nuevo poder.

No debe explicaciones la victima por la agresión. Si las deben en cambio algunos “compañeros de viaje” que siempre han ensalzado a estos grupos de provocadores. Que junto a las pandillas encapuchadas han rendido culto a la espontaneidad y a la confusión. Que les han dado espacios en sus órganos y en sus medios para atacar al movimiento clasista. Que les han ensalzado y puesto de ejemplo mientras silenciaron al Partido Comunista de Grecia que con su esfuerzo de años creó las precondiciones para este terremoto de la lucha de clases.

Nos condolemos por nuestro camarada caído, nos solidarizamos con los camaradas heridos, proclamamos con orgullo nuestra absoluta hermandad con el KKE y el PAME. Algunos deslindes son debidos. Con los puños cerrados exigimos ese deslinde, o bien que guarden de ahora en adelante la mayor distancia posible los anarquistas.

Sostendremos con más firmeza las lecciones que nos legaron la Comuna y la Gran Revolución de Octubre sobre la naturaleza de estos grupos y la manera de lidiar con ellos. Históricamente les hemos derrotado en todos los planos, hemos ajustado cuentas con ellos desde el plano ideológico hasta el militar durante más de un siglo y medio. Hoy les hemos vuelto a derrotar en la movilización. Mañana los seguiremos derrotando, pues el anarquismo se ha revelado como una herramienta del fracasado capital.

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