jueves, 24 de mayo de 2012

La coherencia en la lucha revolucionaria y la relación entre táctica y estrategia


Reproducimos por su interés la aportación del PCPE al 21º Seminario Comunista Internacional de Bruselas, celebrado entre el 18 y 20 de mayo.

La irrenunciable meta final de construir el Socialismo marca, al menos sobre el papel, una referencia para la totalidad de los Partidos Comunistas y Obreros.

Ahora bien, la historia demuestra que el simple hecho de marcar el objetivo no implica necesariamente que se esté en la línea de trabajo correcto para su consecución. Es más, desde los primeros momentos en los que ya se pudo hablar de Socialismo Científico, son múltiples los ejemplos de organizaciones y corrientes organizativas y/o ideológicas que, o bien por su colaboración de clase con la burguesía, o por su sectarismo izquierdista, no sólo no han contribuido al avance del Socialismo, sino que se han erigido en serios obstáculos para el avance hacia una sociedad libre de explotación de un ser humano por otro.

Táctica, estrategia, programa, ideología, organización, crisis, masas, clases sociales, nivel de conciencia, acumulación de fuerzas, experiencia… son conceptos y elementos que un Partido Comunista deber tener permanentemente en cuenta para definir en cada momento la línea política más acertada: aquélla que le permita atraer a sus propuestas y postulados al mayor número de trabajadores/as y elementos más avanzados del pueblo.

Por todo ello, el debate sobre la táctica y estrategia - enmarcado en la vieja, pero muy presente, dicotomía entre reforma o revolución-, siempre ha estado presente en las organizaciones obreras, conformando su devenir histórico la actual fotografía de fragmentación del movimiento obrero.

Felicitamos a la organización del SCI, pues la elección de la temática propuesta, nos permite profundizar en una cuestión fundamental y muy actual para el avance del movimiento comunista internacional.
Crisis de sobreproducción, crisis estructural e imperialismo

Todas estas cuestiones, suficientemente tratadas y analizadas en los sucesivos SCI, conforma el marco concreto, el entorno de la lucha de clases a todos los niveles que nos ha permitido recuperar con fuerza el postulado leninista de la inexistencia de una fase democrática intermedia entre el capitalismo y el socialismo. La recuperación de esta premisa y la profundización en la misma plantean una serie de consecuencias prácticas de calado y que, en muchos casos, afectan a la propia concepción de la táctica que veníamos desarrollando en períodos anteriores.

Adecuar nuestra táctica y estrategia a este principio científico del marxismo-leninismo, articulando en torno a la vanguardia obrera al mayor número de trabajadores y trabajadoras, se constituye en la base imprescindible que nos ha de permitir convertir la crisis económica en crisis política de superación y derrota del imperialismo.

La firmeza en este principio, y la renuncia a cualquier intento de camuflarlo u ocultarlo a las grandes masas, forma el armazón básico, junto a la propuesta política y organizativa de una amplia alianza de clases y capas sociales por el Socialismo en torno a la clase obrera de todos los sectores objetivamente afectados por el capitalismo y condenados irremediablemente a proletarizarse, de la propuesta política de superación del capitalismo que debemos defender los PP.CC ante la clase obrera de nuestros países y, a nivel internacional, empujando en la dirección de la articulación de un polo leninista dentro del MCI. Parafraseando a Lenin, debemos afirmar que nuestras tesis son un compromiso que marca una línea certera de la que jamás podemos apartarnos para engañar a la clase obrera.

En este momento histórico de crisis estructural capitalista, cualquier propuesta que, postulando la existencia de una etapa democrática intermedia entre el capitalismo y el socialismo, le niegue, en palabras de Stalin “a las masas…la posibilidad de comprender por experiencia propia que el derrocamiento del viejo poder es inevitable, poner en juego métodos de lucha y formas de organización que permitan a las masas comprender más fácilmente, por la experiencia, lo acertado de las consignas…”, adquiere una responsabilidad histórica ante la clase obrera por dificultar el proceso de adquisición de conciencia de las masas y su acercamiento progresivo, en función de su propia experiencia, a la sección más organizada y teóricamente educada del proletariado. Aquí, en este campo que, con la excusa de buscar una salida social a la crisis, inevitablemente acaba en el terreno de la colaboración con la oligarquía, es donde los y las comunistas españoles denunciamos el papel de de partidos como IU/PCE que, con su participación en gobiernos burgueses de “progreso” con el PSOE – como el recientemente acordado en Andalucía – están aplicando los recortes y los planes de ajuste negociados por el bloque dominante oligárquico-burgués con la UE y el FMI.

¿Atrae esta táctica a las masas obreras y populares hacia la propuesta revolucionaria de los y las comunistas? Definitivamente no. El compromiso institucional con el Estado burgués y los organismos supranacionales imperialistas, por muchas alternativas sociales que sobre el papel propugnen, jamás supondrá un aumento del número de trabajadores con conciencia que se acercan a la línea certera de la revolución socialista. Muy al contrario, su desarrollo y hegemonía entre la clase obrera, desviándola de su tarea principal y dificultando la posibilidad de constituirse en clase en el poder, lo único que hace en este momento de demostración clara de los límites históricos del capitalismo, es otorgarle a la oligarquía un balón de oxígeno imprescindible para su supervivencia, al paralizar completamente la acción revolucionaria de la clase obrera que se supone ellos representan.

15-M, contradicción principal y salida clasista

Nuestro Partido ha recibido críticas y alabanzas, casi a partes iguales, por nuestra posición firme y de principios respecto al movimiento 15M o “indignados”, la cual se basó y se basa en la experiencia histórica acumulada y el análisis riguroso de los procesos de movilización de masas. Cuando la pequeña burguesía dirige y hegemoniza una lucha es inevitable que, en defensa de sus intereses, abrace análisis y formulaciones idealistas que reclaman una permanente vuelta atrás en el desarrollo del capitalismo y que esos postulados suenen atractivos a amplias capas obreras y populares que, influidas por la ideología dominante, aún no se han constituido en clase para sí. Si la clase obrera y los sectores populares nutren de “masa” a las propuestas políticas de la pequeña burguesía, que niegan la contradicción principal entre capital y trabajo, que son ajenas a cualquier análisis materialista y que son incapaces de propugnar una salida real a la crisis capitalista, su lucha está condenada al fracaso y a la final asimilación y sumisión a las posiciones de la oligarquía.

Pero que analicemos esto no quiere decir que olvidemos que, sin duda, existe una fracción de la pequeña burguesía que se caracteriza por su dinamismo y frente a la cual los Partidos Comunistas debemos tener una propuesta política y organizativa concreta. En este sentido, como hemos indicado anteriormente, los y las comunistas del PCPE concebimos que, a partir de nuestra propuesta estratégica de articular un amplio Frente Obrero y Popular por el Socialismo, hegemonizado por la clase obrera, debemos ganarnos no sólo a las más amplias capas de nuestra propia clase, sino al mayor número posible de profesionales y miembros de la pequeña y mediana burguesía.

Este proceso, que es dialéctico, se basa fundamentalmente, en la irrenunciable intervención directa del Partido Comunista en la lucha de clases, mediante la cual ganan la hegemonía en el seno del proletariado las posiciones revolucionarias, antiimperialistas y antimonopolistas y son derrotadas las expresiones reformistas, premisa sin la cual la victoria se vuelve imposible. Como bien señalaba Lenin: “el bolchevismo ha crecido, se ha formado y se ha templado en largos años de lucha contra el revolucionarismo pequeñoburgués, parecido al anarquismo o que ha tomado algo de él y que se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una consecuente lucha de clase del proletariado”.

Entendemos que, en la medida en que avanzan sus posiciones políticas y se implanta un estilo y una práctica bolchevique en la lucha organizada, el proletariado gana para sus posiciones, a través de la intervención de su dirección política, el Partido Comunista, a sectores crecientes del pueblo, defendiendo una política para todas las clases aliadas, incorporando a la lucha contra el capitalismo monopolista en el frente popular a amplios sectores y transformando progresivamente su lucha en lucha revolucionaria por el poder. Este proceso, lleno de dificultades, es una necesidad histórica para facilitar la toma del poder por la clase obrera, y en este proceso nosotros reconocemos la exigencia de ser flexibles en cuanto a la táctica, de ser capaces de adaptarnos a condiciones de lucha cambiantes, a condiciones que a veces son favorables y a veces no, pero entendiendo siempre que la táctica debe corresponderse en todo momento a los objetivos estratégicos trazados, independientemente de retrocesos o avances temporales.

Es para nosotros fundamental recalcar que la defensa firme de una posición de principios en ningún caso implica la renuncia a adoptar todo tipo de acuerdos con las organizaciones dispuestas a compartir el enfoque estratégico del bloque popular, dispuestas a impulsar la entrada en escena de las mayorías trabajadoras y a defender la unidad de la clase obrera; ni a llegar a todo tipo de acuerdos unitarios que permitan hacer avanzar las reivindicaciones inmediatas presentes en cada lucha concreta librada por sectores obreros y populares. El PCPE analiza con mucha atención, y bajo categorías marxista-leninistas, la conformación del Frente Popular en España en 1936, así como la posición ejemplar del PCE entonces, y extrae claras enseñanzas de ella aplicables también hoy: la táctica flexible y los acuerdos no tienen que implicar la asunción de los postulados ajenos a las concepciones del socialismo científico, ni el abandono de las características básicas de un Partido Comunista.

Constatamos que nuestra posición se diferencia cualitativamente de la postura oportunista que plantea una adhesión sin ambages a un movimiento como el 15M que, no sólo “niega la necesidad de la organización de los obreros como partido político independiente”, en palabras de Engels, sino que propugna la superación de la crisis sin alterar la esencia de la formación socio-histórica capitalista. Ante ello debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿ayuda este movimiento al proceso de adquisición de conciencia y clarificación de las grandes masas explotadas en el capitalismo?. Obviamente no. De la misma manera que con la participación en los gobiernos de “progreso” o “de izquierda”, esta actitud sumisa a lo que, cada día con más claridad, se muestra como una estrategia desmovilizadora del Estado, lo único que hace es dificultar lo que Engels caracterizó como “poner a la clase obrera en marcha como clase” e impedirle que transite su propia experiencia de adquisición de conciencia mediante la movilización y la lucha.

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