martes, 19 de febrero de 2013

Nagorno Karabaj: el conflicto olvidado

El analista político Abel Riu disecciona en dos artículos que presentamos juntos a continuación las negociaciones por el territorio en disputa del Alto Karabaj. En el primero, hace un repaso histórico y explica la evolución del contexto económico y militar de los bandos enfrentados. En el segundo, parte de las posiciones actuales de los dos bandos para responder a una cuestión: ¿Es posible volver a la situación de guerra abierta?


El derrumbamiento de la Unión Soviética originó el estallido de seis guerras civiles o conflictos armados de diversa intensidad. El progresivo debilitamiento de las estructuras de poder soviéticas que se produjo durante los años de la Perestroika propició la vuelta a la etnicidad y al nacionalismo como principales referentes identitarios de la población, reabriendo viejas disputas y odios que habían quedado olvidados durante gran parte del siglo XX. La desaparición definitiva de la URSS el diciembre de 1991 abrió finalmente la caja de pandora, haciendo estallar muchos de los conflictos interétnicos no resueltos existentes en la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas. Uno de los más cruentos fue el que enfrentó entre 1988 y 1994 armenios y azerís por el control del Alto Karabaj, un enclave de mayoría armenia situado en territorio de Azerbaiyán.

De los incidentes y ataques esporádicos se pasó a la guerra abierta una vez ambas repúblicas consiguieron la independencia, a finales de 1991. El resultado: una victoria inapelable del bando armenio que, todo y su supuesta inferioridad militar, consiguió el control total sobre el Alto Karabaj y las áreas adyacentes, creando una “zona de seguridad” en territorio azerí. El balance: entre 30.000 y 40.000 militares y civiles muertos, cerca de 80.000 heridos y más de un millón de desplazados . La herencia: un conflicto no resuelto y un territorio independiente de facto que comprende el 16% del total de Azerbaiyán, donde viven aproximadamente 140.000 personas, la inmensa mayoría armenios. Se mantiene como un pseudo-estado que no disfruta de ningún tipo de reconocimiento internacional (más allá del que proviene otros territorios en una situación similar como la Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur), no sometido a ningún convenio ni regulación internacionales en materia de derechos por sus ciudadanos.

Del alto el fuego al estancamiento del conflicto

El alto el fuego firmado a Bixek el 5 de Mayo de 1994, gracias a la intermediación de las autoridades de Rusia y el Kirguistán, puso fin a las hostilidades, y es hasta ahora el único momento en qué ambas partes se han puesto de acuerdo para dar un paso adelante conjuntamente. Desde entonces, se han llevar a cabo varias rondas de negociaciones, siempre con la mediación e iniciativa del Grupo de Minsk, creado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa el 1992, y liderado por Rusia, Francia y los Estados Unidos. Los adelantos han sido prácticamente nulos, debido de principalmente a la existencia de unas posiciones completamente antagónicas: la parte armenia aspira a la organización de un referéndum de autodeterminación en la región del Alto Karabaj para que sea la población local quién decida su futuro. Cerca de un 95% de sus 140.000 habitantes actuales son armenios étnicos, de forma que los resultados que se darían en caso de un hipotético referéndum de autodeterminación no son difíciles de prever.

Muy hábilmente, el gobierno armenio no reconoce el Alto Karabaj como Estado independiente, reservándose esta opción como elemento de presión. Por la parte azerí, para Baku la integridad territorial de Azerbaiyán es irrenunciable e innegociable, y proponen como solución otorgar un grado elevado de autonomía a la región en disputa, quedando siempre como parte integrante de su territorio nacional.

En referencia al Grupo de Minsk, sus propuestas de cara a la resolución definitiva del conflicto están en cierta sintonía con los intereses de Azerbaiyán. Son los llamados “Principios de Madrid”, presentados por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) a los respectivos ministros de Asuntos Extranjeros armenio y azerí el noviembre de 2007 en la capital española, que recogen y actualizan buena parte del plan de paz que ya puso sobre la mesa el mismo Grupo de Minsk el julio de 1997. En primer lugar, proponen la retirada de las tropas armenias de los distritos azerís adyacentes a la región histórica del Alto Karabaj: Agdam, Fizuli, Jabrayil, Zangilan, Qubadli, Lachin y Kalbajar. Estas zonas constituyen la llamada “zona de seguridad”, conquistada por las tropas armenias para proteger la región en caso de ataque e integrada de facto a la autoproclamada República del Alto Karabakh. En una segunda fase, contingentes de paz de los países miembros de la OSCE se desplegarían en la zona, formando un cordón de seguridad entre las dos partes en conflicto. Una tercera fase incluiría la creación de corredores humanitarios para garantizar el tránsito de personas y bienes entre Azerbaiyán y la República Autónoma azerí del Nakhtxivan, situada entre Armenia, Turquía e Irán, y entre Armenia y el Alto Karabaj, así como el posible retorno de los refugiados de ambas partes que tuvieron que huir de su casa o fueron forzados a emigrar durante el conflicto.

La propuesta recoge la inviolabilidad de las fronteras y la integridad territorial de Armenia y Azerbaiyán como principios básicos que tienen que ser aceptados por las dos partes en conflicto. También propone la creación de una entidad territorial del Alto Karabaj de cariz casi estatal, con unos límites basados en las fronteras regionales de 1988 y con una Constitución propia pero integrada dentro de los límites del territorio nacional de Azerbaiyán. Todo y la voluntad negociadora tanto de armenios como de azerís para llegar a una solución pactada y pacífica, hasta el momento no se ha dado prácticamente ningún paso adelante en esta dirección, y a día de hoy el panorama sigue siendo bastante parecido al que dejó el alto al fuego de 1994: dos países técnicamente en guerra, en disputa por un territorio que, de diferentes maneras, ambos reclaman para sí mismos.

Cambios en el contexto económico y militar

En los últimos años se han producido ciertos acontecimientos que a medio plazo podrían provocar cambios en el statu quo de la región. Desde el año 2005, Azerbaiyán ha vivido un crecimiento económico espectacular (Tabla 1), provocado sobre todo por las divisas que generan las exportaciones de gas de las reservas que el país tiene al mar Caspio y que van mayoritariamente hacia Europa. Estas exportaciones se incrementaron de manera sustancial sobretodo a partir de la apertura el mismo año del gasoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan, que transporta gas desde el mar Caspio hasta el Mediterráneo, cruzando territorio azerí, georgiano y turco.

* Cifras en millones de dólares. Tabla de elaboración propia a partir de los siguientes datos.

El fuerte crecimiento anual del PIB de Azerbaiyán, que en algunos años ha llegado a cotas de hasta el 30%, ha roto el equilibrio económico preexistente entre los tres países del Cáucaso Sur, creando una pequeña potencia económica sub-regional. Mientras tanto, los otros dos vecinos se van quedando comparativamente atrás, en el caso de Armenia sobre todo debido a su aislamiento regional (su único aliado en la zona es Rusia, país con el cual no comparte frontera). Paralelamente, Georgia, Turquía y Azerbaiyán han establecido ciertos vínculos estratégicos, como lo demuestra la construcción del gasoducto mencionado anteriormente, que rodea territorio armenio, y que ha beneficiado los tres socios. Por otro lado, si cogemos las balanzas comerciales exteriores de Armenia y Azerbaiyán (Tabla 2) podemos apreciar este fenómeno de manera muy gráfica: mientras Azerbaiyán ha disfrutado los últimos años de un superávit de entre el 30 y 40% de su PIB, Armenia tiene que hacer frente a un déficit comercial estructural que los últimos años se ha situado borde el 25%.

*Cifras en % del PIB. Tabla de elaboración propia a partir de los siguientes datos.

El boom económico azerí ha tenido una repercusión directa sobre su gasto militar. Desde el momento en que el país entró en esta espiral de crecimiento económico desenfrenado basado en el incremento exportaciones de materias primeras, el gobierno ha aumentado su gasto militar exponencialmente (Tabla 3). El caso más paradigmático es el del 2011, cuando en el presupuesto anual se destinaron más de 2.500 millones de dólares al apartado de defensa, dirigidos sobre todo a la adquisición de armamento, hecho que representa un incremento del 89% respeto el año anterior. En cuanto al periodo agregado 2007-2011, el gobierno azerí gastó cerca de 10.000 millones de dólares en armas, respecto los 2.000 millones aproximados gastados por Armenia. Los datos del 2012 (no incluidas en esta tabla) muestran que el gasto militar de Azerbaiyán llegó a los 3.000 millones de dólares, una cifra ocho veces superior a la suma de los presupuestos de defensa de Armenia y el Alto Karabaj.

*Cifras en millones de dólares. Tabla de elaboración propia a partir de los siguientes datos.

Los principales suministradores de armas de Azerbaiyán durante los últimos años han sido Israel, Rusia, Ucrania, Turquía, Estados Unidos y China, y las principales compras han sido sobre todo aviones de combate (de tipo Medio, Sukhoi, FC, etc.) y misiles de corto alcance. El 2005 el gobierno del país puso en marcha un Ministerio de Industria de Defensa, encargado de la construcción de armas al propio país, que en el 2008 lograron la cifra de 444 diferentes tipos de armamento construido en Azerbaiyán, buena parte en colaboración con diferentes países occidentales.

Hasta hace poco, la suma de los ejércitos de Armenia y del Alto Karabaj era superior militarmente al de Azerbaiyán, y eran considerados conjuntamente como el ejército más poderoso del Cáucaso, según diferentes expertos. Esta superioridad se pone cada vez más en entredicho, sobre todo por el hecho que Armenia, todo y las ayudas y material militar que recibe por parte de Rusia, no se puede permitir económicamente hacer frente a la carrera armamentística iniciada por Azerbaiyán, con la cual el gobierno azerí pretende sobre todo incrementar su posición de fuerza de cara a futuras negociaciones.

Para Armenia, la situación actual, en qué directa o indirectamente controla un 16% del territorio azerí, es mejor de la que hipotéticamente podría derivar de cualquier negociación y solución pactadas. Su política de hechos consumados hace que en principio no tenga ningún tipo de prisa en llegar a un acuerdo. Las autoridades armenias son muy conscientes del hecho que es a ellos principalmente a quien los toca ceder, y la única contrapartida que obtendrían sería una mayor integración regional con unos vecinos con quienes, históricamente, han tenido una relación muy difícil (especialmente Turquía y el mismo Azerbaiyán).

Por otro lado, según el barómetro anual del Centro de Investigación del Cáucaso del año 2011, sólo un 4% de armenios ven el conflicto territorial como el principal problema del país, hecho que demuestra que el statu quo actual ya les está bien. El gobierno armenio tampoco dispone de mucho margen de maniobra en este sentido, puesto que la gran mayoría de la población rechazaría cualquier acuerdo que implicara ceder la totalidad o parte de la soberanía armenia sobre la región del Alto Karabaj (Tabla 4), y una decisión de este cariz tendría unos costes políticos inasumibles.

*Tabla de elaboración propia a partir de los siguientes datos.

En cuanto a Azerbaiyán, sucede exactamente el contrario. Según el barómetro de 2011, un 31% de los ciudadanos azerís consideran el conflicto territorial como el gran problema del país, representando todavía ahora el principal motivo de preocupación nacional. Por ellos es un tema mucho más sensible que por los armenios, dado que -hay que tenerlo presente- fueron los perdedores de la guerra, y un 16% del que consideran como parte irrenunciable de su territorio nacional sigue a día de hoy ocupado militarmente por su “principal enemigo”. Así es como un 99% de los azerís ven Armenia, según el Barómetro anual del Cáucaso del año 2011 .

La cuestión del Alto Karabaj (“Dağlıq Qarabağ” en azerí) resta como una herida abierta, que a la vez ha servido como un arma a manos del populismo y la demagogia política de los partidos y medios de comunicación locales a la hora de minimizar los problemas sociales y económicos de la población. El gobierno azerí tampoco dispone de mucho margen para la negociación en este sentido, puesto que la inmensa mayoría de ciudadanos no contempla ninguna otra salida al conflicto que no sea una reintegración total del Dağlıq Qarabağ a la soberanía y control estatales (Tabla 5).

*Tabla de elaboración propia a partir de los siguientes datos.

Estas dos posiciones completamente opuestas entre armenios y azerís hacen que las posibilidades de llegar a un acuerdo y a una solución territorial pactada sean muy reducidas.

Es posible el regreso a la guerra abierta?

El alto al fuego firmado en Bixek el 5 de Mayo de 1994, que puso fin a las hostilidades, no ha evitado que desde el final de los combates aquel mismo año se hayan producido varios choques armados esporádicos, una violencia de baja intensidad que desde el fin de la guerra ha provocado centenares de muertos en ambas bandos. Los últimos enfrentamientos tuvieron lugar en abril y junio de 2012, cuando un total de seis soldados armenios y cinco de azerís murieron como consecuencia de dos intercambios de disparos en los límites de las zonas controladas por los respectivos ejércitos.

También durante el 2012 reapareció el caso de Ramil Safarov, un oficial azerí que en 2004 asesinó con una hacha a un oficial armenio mientras este dormía, en el transcurso de unos cursos de formación organizados por la OTAN en Hungría. El caso provocó gran indignación entre la población armenia, y recientemente ha generado una crisis diplomática entre Armenia y Hungría cuando el gobierno de Viktor Orban decidió extraditar a Safarov a Azerbaiyán en agosto de 2012. El oficial fue recibido en Baku como un héroe, se le entregó un apartamento y fue promovido a oficial de primer rango del ejército por el Ministro de Defensa. Cómo era de esperar, fue inmediatamente puesto en libertad. Este es un ejemplo del nuevo talante del gobierno de Baku.

Paralelamente, en los últimos meses se ha producido una cierta escalada dialéctica por parte de unos y otros, con declaraciones amenazantes que hacen referencia al uso de las armas para la autodefensa. En cuanto al ámbito militar, en 2012 tuvieron lugar unas maniobras en Armenia donde participaron nada más y nada menos que 45.000 efectivos. En la misma dirección, la pujanza económica y militar de Azerbaiyán hace prever una posición más activa e incluso agresiva por parte de su gobierno. Aun así, todo hace pensar que se trata de una política sobre todo intimidatoria y que, en principio, no tienen intención de volver a los combates.

A diferencia de lo que pasaba a principios de los 90, a día de hoy el conflicto del Alto Karabaj no es un juego de suma cero y, en estos momentos, en caso de guerra abierta es poco probable que se diera una victoria clara de alguna de las partes en conflicto. En la actualidad, las pérdidas agregadas (en términos militares, humanos y económicos) serien muy superiores a las posibles ganancias en cuanto a adelantos en el control territorial de la zona. Además, el tipo y la calidad del armamento adquirido por azerís y armenios durante los últimos años -especialmente en cuanto a misiles- provocaría una extensión del conflicto a la totalidad de los territorios de ambos países, incluyendo sus capitales, con consecuencias devastadoras.

En consecuencia, a medio plazo es de esperar que todo y las respectivas amenazas, las demostraciones de fuerza y las subidas de tono -que casi siempre tienen como destinatarios los respectivos públicos locales-, ambas partes continúen intentando llegar a una salida negociada, por muy complicado que pueda resultar.

Por último, hay que recordar la situación geo-estratégica del Cáucaso Sur. En caso de estallar un nuevo enfrentamiento militar a gran escala, uno de los primer objetivos de los misiles armenios sería el gaseoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan, con objeto de cortar la principal fuente de riqueza azerí. Este gaseoducto está participado por varias multinacionales energéticas, sobre todo occidentales, entre las cuales destaca la British Petroleum, accionista mayoritaria del consorcio que lo administra. La posibilidad que un nuevo estallido militar en la zona pudiera afectar los intereses económicos de sus principales empresas energéticas es motivo suficiente para pensar que los gobiernos británico, americano, turco, japonés, francés, italiano y noruego se opondrían totalmente, y no sólo por razones humanitarias.

Por otro lado, el hecho de que tanto Armenia como Azerbaiyán formen parte de dos alianzas militares también juega un papel disuasivo de cara a un posible retorno a las armas. Armenia es miembro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, de ámbito post-soviético y liderada por Rusia, que incluye 6 antiguas repúblicas de la URSS. Y Azerbaiyán forma parte del TAKM, una alianza militar constituida recientemente, de cariz turcófono y encabezada por Turquía, donde los otros dos miembros son Kirguistán y Mongolia. En el hipotético caso de un retorno a los combates, tanto Rusia como Turquía, principal aliado y apoyo político y económico de Azerbaiyán, se verían forzadas a mover ficha, sobre todo la primera, que cuenta incluso con una base militar a Armenia con presencia de unos 3.000 efectivos.

Una guerra abierta entre sus principales aliados en el Cáucaso Sur comprometería la relación de cooperación bilateral que han conseguido construir durante los últimos años, después de siglos de enfrentamientos y rivalidades. Es por eso que ni una ni la otra desean que se llegue a este extremo, utilizando su posición de fuerza en la región para presionar los respectivos gobiernos armenio y azerí con el objetivo de que descarten esta posibilidad.

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