martes, 11 de junio de 2013

El Gobierno griego ordena el cierre fulminante de la televisión pública

Los aficionados al baloncesto, que en Grecia son legión, se van a quedar sin ver la tercera final entre el Olympiakós y el Panazinaikós, los dos grandes del basket patrio, que se disputa este miércoles. El cierre de la ERT (en sus siglas griegas) ha convertido momentáneamente a Grecia en el único país de la Unión Europea sin televisión pública. Los planes del Gobierno, que tras una jornada de insistentes rumores comunicó oficialmente esta tarde el cierre inmediato del organismo –dejará de emitir esta medianoche-, consisten en mantener cerrada teóricamente tres meses la empresa, con alrededor de 2.700 empleados, mientras se acomete un plan de reestructuración que jibarice considerablemente la plantilla (fuentes próximas al Gobierno estiman que el nuevo staff puede constar de unas 700 personas). Los futuros despedidos de la ERT son parte de la cuota exigida por la troika a Atenas: el pacto con los acreedores internacionales es despedir a 2.000 funcionarios hasta finales de julio; un total de 15.000 hasta finales del año próximo.

Entre evidentes referencias a la corrupción y el desgobierno del organismo, el portavoz del Gobierno, Simos Kedikoglu, ha calificado la ERT como “un caso único de opacidad [en la gestión] y despilfarro inconcebible”. “Y eso se acaba hoy. El Gobierno ha decidido cerrar ERT. En su lugar se creará una radiotelevisión moderna que estará operativa tan pronto como sea posible”, añadió Kedikoglu. Y con una plantilla más reducida, subrayó. Mientras no se haya creado el nuevo ente público, los ciudadanos quedarán exentos del canon que vienen pagando mensualmente, contribución que, según el portavoz del Gobierno, se reducirá sensiblemente en el futuro.

Según fuentes del Gobierno, sólo el gasto en electricidad de la ERT supone unos 300 millones de euros al año (entre tres y ocho veces más que el resto de operadores), mientras que el tamaño de la plantilla cuadruplica los estándares correspondientes al número de espectadores y oyentes de que disfruta. La hegemonía de las cadenas privadas ha arrinconado en las preferencias de la población a la televisión pública, que emite tres canales (el segundo, como en el caso de la española o la portuguesa, de corte cultural), más los de radio y el internacional.

Los planes de liquidación de la televisión pública se han acelerado vertiginosamente este martes. Un decreto legislativo permite desde hoy mismo a cualquier titular del Gobierno cerrar entidades públicas obviando al Parlamento; la norma fue aprobada por todos los ministros del Gabinete menos cuatro, dos de ellos designados por el socialista Pasok y los otros dos por Izquierda Democrática (Dimar), los socios del tripartito que preside el conservador Andonis Samarás. Tanto Pasok como Dimar, al igual que Syriza, principal fuerza de oposición, han solicitado a Samarás la permanencia de la ERT como servicio público, y una gestión similar a la de la británica BBC.

Este nuevo decreto ley cabe ser interpretado en el contexto de la campaña privatizadora que la troika exige a Atenas y que, con el reciente fiasco de la venta frustrada de la empresa pública de gas natural (DEPA, en sus siglas griegas) al gigante ruso Gazprom, ha sufrido un serio contratiempo.

Los empleados de la ERT se han encerrado en las instalaciones del organismo público y amenazan con seguir emitiendo las 24 horas. Los trabajadores de otras cadenas de radio y televisión han decidido hacer una huelga de seis horas, en las que no emitirán ni siquiera noticias, en solidaridad con sus colegas. El líder de Syriza, Alexis Tsipras, tenía previsto acudir esta misma tarde al edificio de Radiomégaro, sede de la ERT

/ElPaís

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